
Desde que inició el viaje no había parado de dar tumbos, su cápsula, veía ella por la ventana, botaba de una pared a otra, sin detenerse ni encontrar ningún rincón. Sentía como si su vida flotase en un limbo en el que no llegaba nunca a ningún destino.
Sólo le habían dejado llevar un par de objetos, y la verdad, cuando a una le avisan con sólo cinco minutos de antelación de que abandona el “Cuartel General”, la decisión de elegir dos cosas de entre las tantas que posee, se convierte en la más difícil de su vida. Así, que pensando en eso, en su vida, decidió que lo mejor era ceñirse a los gustos que la conformaban y coger lo que más la definía: un libro y el mp3.
A veces leía, y cuando comprendía que debía racionar las hojas hasta el fin de la historia, encendía el mp3 y se dejaba llevar por la música; pero al rato comprendía que la batería podía agotarse, y claro, no sabía el tiempo que estaría “navegando” por aquella inmensidad hasta completar la misión.
Estando enfrascada en la inverosímil historia de amor del libro elegido, llegaron a ella unos ecos, unos ruidos, unos desagradables sonidos lejanos, como de bocinas, de voces roncas, de gritos metálicos, que la sacaron de su ensimismamiento y la devolvieron a la realidad donde estaba. ¿Sería el visitante que esperaba? ¿Sería el compañero, con el cual debía culminar la “misión”? ¿Y llegaba así, de aquella manera, como un elefante en una cacharrería? ¿Se entendería con él? ¿Por qué a ella, por qué, con lo a gusto que estaba el “Cuartel” madurando y ayudando a madurar a otras?
Cerró el libro con un golpe seco y un resoplo de resignación. Lo dejó encima del estante, junto al mp3 mientras la incertidumbre se apoderaba de ella. Se colocó el uniforme, ciñéndose la falda a las caderas, colocando las solapas y abrochándose los botones de la chaqueta. La habían entrenado para aquel momento durante cuánto, ¿veintinueve años?, sabía de sobra como debía actuar, cómo reconocer al compañero idóneo, el test que debía realizarle, las respuestas que debía esperar, cómo comportarse ante él…le habían advertido que si todo “cuadraba” conforme a lo programado, no debía preocuparse por nada, porque a partir de ese momento empezaría otra nueva vida para ella, eso sí, completamente distinta a la que conocía.
Las voces se hicieron más cercanas, ahora llegaba a sus oídos el ruido de algo estridente, como una trompeta rota, tocada sin acierto, sin conocimiento. Ahora podía escuchar lo que gritaban con más nitidez, era algo así como “champiñones”. Desde luego no entendía nada. Aquello no era lo que le habían comentado que pasaría. Algo estaba saliendo mal y justo a ella le había tocado sufrirlo ¡Maldita suerte la suya, maldito el porvenir que le habían prometido y maldito el compañero que le había mandado el azar!
No terminó de maldecirlo todo, cuando escuchó un “toc - toc” en la compuerta; aquella que sólo podría abrir una vez, la única vez que la “misión” podría realizarse, puesto que ya no habría posibilidad de marcha atrás ni segundos intentos; era esa vez o ninguna.
Colocándose de nuevo las solapas de la chaqueta e intentado adoptar el rictus serio y conciso que la misión requería, accionó la palanca que abría la compuerta, ésta hizo un ligerísimo “clic” y allí ante ella estaba el esperado “compañero”.
Había configurado en su imaginación muchos posibles compañeros, todos con el mismo físico, como era normal, pero cada uno con unos rasgos característicos que definirían su forma de ser. A algunos les había colocado boina, bufanda y un caballete delante o un libro debajo del brazo, porque eras intelectuales bohemios, adoradores del arte y la poesía, de todo lo que estuviese rodeado de cultura. A otros les había ceñido un uniforme marcial que les hacía fornidos y aparentes; compañeros entregados a la causa, con un gran sentido del deber. Pero, lo que ni por asomo había imaginado, era lo que tenía delante de ella en ese mismo instante: un compañero tirando a regordete, con la cara de varios colores, con una especie de peluca, con una especie de trompeta medieval de plástico en la mano y un uniforme de colores rojo y ¿amarillo?, que no le hacían ni intelectual, ni bohemio, ni fornido, ni justicia.
- Joder tía, parece que te han metido un palo de escoba por el culo, sonríe, ¡que somos campeones! – soltó con júbilo y sin mediar presentaciones, el compañero.
- Disculpa, pero es que creo que ha habido un error, bueno perdón, un grave, gravísimo error! –espetó- Creo que te has equivocado de coordenadas, de dirección, o lo que sea, pero yo no te espero a ti, espero a “otro” compañero. Tú no eres de mi “misión”. – Contestó ella roja por la rabia de verse dando explicaciones a ese esperpento.
- Venga tía, no me vengas con tonterías, que ya sabemos a lo que venimos, así que alegra un poco esa cara, déjate de reproches y déjame pasar, que llevo tres días de fiesta sin parar y estoy agotado.
- Perdona, pero me dejaron muy claro que llevar a cabo la “misión” con un compañero en mal estado físico podría acarrear consecuencias fatales – Le reprochó ella en un tono que mostraba casi desprecio.- Es mejor que te vayas por donde has venido, porque prefiero abortar la misión a llevarla adelante contigo. -
- Vale, entiendo que mi pinta te eche para atrás, entiendo que presentarme así, con la cara pintada, con este pelucón, con esta ropa, llena de mierda por cierto, -dijo mientras se la ojeaba-, a golpe de gritos y soplos de vuvucela, no es lo más correcto. – Paró para mirar de reojo a la compañera, que todavía tenía el mismo gesto serio en la cara-, pero es que me han pillado desprevenido, yo estaba en mi “cuartel” celebrándolo, de fiesta con el resto de compañeros y de repente aquí me veo…que por cierto, llevo horas buscándote, ¿cómo es que la cápsula no lleva un luminoso o algo? Que esto está muy oscuro, joder. – Se quitó la peluca, y puso cara suplicante.- ¿Puedo pasar ya?
- Perdona, has dicho que estabas celebrándolo, ¿el qué? ¿A mi no me han dicho que tenga que celebrar nada?
- No me digas que tú no te has enterado, ¡no me lo puedo creer! – a punto de echarse a reír añadió: Tía que hemos ganado el mundial de fútbol, que España es la campeona del mundo.
Ella se le quedó mirando como si no entendiese nada, de hecho, no entendía nada. El mundial de fútbol, ¿qué tenía que ver eso con ellos? ¿Qué tenía que ver con llevar a cabo la “misión”? ¿Era excusa suficiente para presentarse ante ella con esa pinta? ¿Cómo es que él lo sabía y ella no?
El se descolgó una mochila que llevaba a sus espaldas, la abrió y sacó un paquete de toallitas, metió la peluca y la vuvucela. Intentó cerrarla, pero le quedó un trozo de aquella rara trompeta por fuera de la mochila. Con las toallitas empezó a limpiarse la cara. Tras varias pasadas a ella empezó a parecerle un compañero “normal” y decidió preguntarle:
- ¿Qué eso de que hemos ganado el mundial de fútbol?, mis superiores no me informaron de nada cuando salí del “Cuartel”.
- Claaaaro, porque seguro que cuando se estaba preparando tu salida, todavía no se había jugado la final, pero chica, así es, ya te lo cuento yo. O, ¿acaso crees que yo voy así siempre? – Dijo señalándose la cara y el cuerpo de arriba abajo-.
- Pues qué bien, ¿no? – contestó ella, como si le diese igual.
- A ver, que ni siquiera me he presentado, hola –dijo acercándole la mano-, soy “Seis millones doscientos cincuenta y dos mil”, encantado de conocerte compañera de “misión”.
Ella le estrecho la mano intentando, a la par, cambiar el gesto y parecer menos seria o cínica, mientras le contestó:
- Yo soy “Veintinueve”, encantada, también.
Él notó en aquel estrechamiento de mano, que ella todavía no estaba muy conforme con todo lo que le había contado, notó que ella estaba bastante defraudada, notó que él no era ni por asomo, lo que ella esperaba.
- “Veintinueve”, ¿eh?, muy joven todavía, ¿no?
- Si, eso dicen, pero nosotros nos ceñimos a los deseos de las personas, y si ellos desean realizar la “misión” ahora, hay que hacerlo. Aunque sabes que nosotros podemos no hacerla en caso de…
- Chica, deja ese tema por un momento, ya llegaremos ahí. – Le espetó él en un tono de desidia.- Dices que no te has enterado de que España ha ganado el mundial, eso si que extraño y no las pintas que llevo yo. Tampoco sabrás quien marcó el gol de la victoria, ¿no? – Mientras hacia el gesto de negar con la cabeza-.
- Pues no, ni me interesa,- ella quería llevar la conversación al grano y desviarla con el maldito tema del fútbol-, el fútbol no es de mis hobbies favorito, es más, que tontería, ¡a mi no me gusta el fútbol! – soltó ella casi gritando.
- ¿Qué no te gusta el fútbol? ¿Qué no te gusta el fútbol? ¿He oído bien? Entonces está claro que tienes razón, la “misión” no puede llevarse adelante, nada, nada, abortamos la misión – decía mientras se daba la vuelta, echaba a andar y se colgaba la mochila en la espalda. – Tanto correr ¿para esto? ... ¡Yo, que estaba de fiesta con mis amigas neuronas, en las gónadas! Y me mandan a toparme con la sargento ésta… Joder, qué mala suerte ¡!
- ¡Pues ya somos dos! ¡Qué tú a mi tampoco me entusiasmas!
- Eh, encima no te ofendas – dijo mientras se dio la vuelta – que la primera que ha puesto pegas has sido tú, o ¿piensas que no me he fijado en la cara de asco que has puesto cuando me has visto? Y que conste que yo he intentado excusarme y explicarme, pero tía, si no te gusta el fútbol, yo no quiero cuentas contigo, que luego “lo que salga” puede ser un engendro anti-fútbol y yo no quiero participar en eso, ni de coña, vamos ¡! – Se volvió a dar la vuelta y emprendió el camino nuevamente.
Ella no sabía que hacer. No estaba preparada para esto. Sabía que tenía que llevar a cabo la “misión” a toda costa, sabía que salvo excepciones de mutaciones, o de deformidades, el proceso debía terminar. Pero nunca le habían explicado qué hacer si el compañero era un futbolero, cosa que ella consideraba una “mutación”. El caso es que el tipo, fuera de las trazas que llevaba, le había parecido amable e incluso simpático. Era óptimo, tal y como había visto en las fotos y diapositivas de las clases del “cuartel”. También a su memoria llegó lo estudiado en aquella clase sobre el futuro en las “misiones” no concluidas, y la verdad, aunque era indoloro, y estaba más que mentalizada para pasar por ello, no le apetecía pasar a la historia genética de aquella mujer, como otro óvulo que no fue fecundada por un espermatozoide.
El que le había tocado a ella, había tardado, pero había llegado, cuantas compañeras no habrían estado esperando en vano, para acabar siendo desechadas tan, asquerosamente.
- Vale, bueno, puede que no me guste el fútbol, pero un mundial es un mundial. Cuéntame, quien marcó el gol de la victoria. – Le gritó al espermatozoide que ya estaba a una distancia considerable de ella, lo menos a tres centímetros.
- Iniesta, tía, Iniesta ¡! ¡Qué pedazo de crack! Además en el tiempo de descuento… bueno y los paradones de Casillas, otro crack…-le relataba mientras iba hacia ella, percatándose de que ella tenía una sonrisa demasiado forzada en la cara-.
Cuando llegó a la altura de la compuerta, se paró, se cruzó de brazos y le dijo, mirándola fijamente a los ojos:
- Además, qué quieres que te diga, si no fuera por el fútbol, y el entusiasmo que le ha puesto el muchacho en “nuestro viaje”, ni de coña tú y yo hubiésemos llevado a buen puerto la “misión”.
Ella se sonrió, y pasó hacia el fondo de la cápsula, mientras le hacía gestos a “Seis millones doscientos cincuenta y dos mil” para que entrase.
Lo último que se escuchó antes de proceder a la “misión” fue algo así como “Campeones, campeones, oe, oe, oe”.
Sólo le habían dejado llevar un par de objetos, y la verdad, cuando a una le avisan con sólo cinco minutos de antelación de que abandona el “Cuartel General”, la decisión de elegir dos cosas de entre las tantas que posee, se convierte en la más difícil de su vida. Así, que pensando en eso, en su vida, decidió que lo mejor era ceñirse a los gustos que la conformaban y coger lo que más la definía: un libro y el mp3.
A veces leía, y cuando comprendía que debía racionar las hojas hasta el fin de la historia, encendía el mp3 y se dejaba llevar por la música; pero al rato comprendía que la batería podía agotarse, y claro, no sabía el tiempo que estaría “navegando” por aquella inmensidad hasta completar la misión.
Estando enfrascada en la inverosímil historia de amor del libro elegido, llegaron a ella unos ecos, unos ruidos, unos desagradables sonidos lejanos, como de bocinas, de voces roncas, de gritos metálicos, que la sacaron de su ensimismamiento y la devolvieron a la realidad donde estaba. ¿Sería el visitante que esperaba? ¿Sería el compañero, con el cual debía culminar la “misión”? ¿Y llegaba así, de aquella manera, como un elefante en una cacharrería? ¿Se entendería con él? ¿Por qué a ella, por qué, con lo a gusto que estaba el “Cuartel” madurando y ayudando a madurar a otras?
Cerró el libro con un golpe seco y un resoplo de resignación. Lo dejó encima del estante, junto al mp3 mientras la incertidumbre se apoderaba de ella. Se colocó el uniforme, ciñéndose la falda a las caderas, colocando las solapas y abrochándose los botones de la chaqueta. La habían entrenado para aquel momento durante cuánto, ¿veintinueve años?, sabía de sobra como debía actuar, cómo reconocer al compañero idóneo, el test que debía realizarle, las respuestas que debía esperar, cómo comportarse ante él…le habían advertido que si todo “cuadraba” conforme a lo programado, no debía preocuparse por nada, porque a partir de ese momento empezaría otra nueva vida para ella, eso sí, completamente distinta a la que conocía.
Las voces se hicieron más cercanas, ahora llegaba a sus oídos el ruido de algo estridente, como una trompeta rota, tocada sin acierto, sin conocimiento. Ahora podía escuchar lo que gritaban con más nitidez, era algo así como “champiñones”. Desde luego no entendía nada. Aquello no era lo que le habían comentado que pasaría. Algo estaba saliendo mal y justo a ella le había tocado sufrirlo ¡Maldita suerte la suya, maldito el porvenir que le habían prometido y maldito el compañero que le había mandado el azar!
No terminó de maldecirlo todo, cuando escuchó un “toc - toc” en la compuerta; aquella que sólo podría abrir una vez, la única vez que la “misión” podría realizarse, puesto que ya no habría posibilidad de marcha atrás ni segundos intentos; era esa vez o ninguna.
Colocándose de nuevo las solapas de la chaqueta e intentado adoptar el rictus serio y conciso que la misión requería, accionó la palanca que abría la compuerta, ésta hizo un ligerísimo “clic” y allí ante ella estaba el esperado “compañero”.
Había configurado en su imaginación muchos posibles compañeros, todos con el mismo físico, como era normal, pero cada uno con unos rasgos característicos que definirían su forma de ser. A algunos les había colocado boina, bufanda y un caballete delante o un libro debajo del brazo, porque eras intelectuales bohemios, adoradores del arte y la poesía, de todo lo que estuviese rodeado de cultura. A otros les había ceñido un uniforme marcial que les hacía fornidos y aparentes; compañeros entregados a la causa, con un gran sentido del deber. Pero, lo que ni por asomo había imaginado, era lo que tenía delante de ella en ese mismo instante: un compañero tirando a regordete, con la cara de varios colores, con una especie de peluca, con una especie de trompeta medieval de plástico en la mano y un uniforme de colores rojo y ¿amarillo?, que no le hacían ni intelectual, ni bohemio, ni fornido, ni justicia.
- Joder tía, parece que te han metido un palo de escoba por el culo, sonríe, ¡que somos campeones! – soltó con júbilo y sin mediar presentaciones, el compañero.
- Disculpa, pero es que creo que ha habido un error, bueno perdón, un grave, gravísimo error! –espetó- Creo que te has equivocado de coordenadas, de dirección, o lo que sea, pero yo no te espero a ti, espero a “otro” compañero. Tú no eres de mi “misión”. – Contestó ella roja por la rabia de verse dando explicaciones a ese esperpento.
- Venga tía, no me vengas con tonterías, que ya sabemos a lo que venimos, así que alegra un poco esa cara, déjate de reproches y déjame pasar, que llevo tres días de fiesta sin parar y estoy agotado.
- Perdona, pero me dejaron muy claro que llevar a cabo la “misión” con un compañero en mal estado físico podría acarrear consecuencias fatales – Le reprochó ella en un tono que mostraba casi desprecio.- Es mejor que te vayas por donde has venido, porque prefiero abortar la misión a llevarla adelante contigo. -
- Vale, entiendo que mi pinta te eche para atrás, entiendo que presentarme así, con la cara pintada, con este pelucón, con esta ropa, llena de mierda por cierto, -dijo mientras se la ojeaba-, a golpe de gritos y soplos de vuvucela, no es lo más correcto. – Paró para mirar de reojo a la compañera, que todavía tenía el mismo gesto serio en la cara-, pero es que me han pillado desprevenido, yo estaba en mi “cuartel” celebrándolo, de fiesta con el resto de compañeros y de repente aquí me veo…que por cierto, llevo horas buscándote, ¿cómo es que la cápsula no lleva un luminoso o algo? Que esto está muy oscuro, joder. – Se quitó la peluca, y puso cara suplicante.- ¿Puedo pasar ya?
- Perdona, has dicho que estabas celebrándolo, ¿el qué? ¿A mi no me han dicho que tenga que celebrar nada?
- No me digas que tú no te has enterado, ¡no me lo puedo creer! – a punto de echarse a reír añadió: Tía que hemos ganado el mundial de fútbol, que España es la campeona del mundo.
Ella se le quedó mirando como si no entendiese nada, de hecho, no entendía nada. El mundial de fútbol, ¿qué tenía que ver eso con ellos? ¿Qué tenía que ver con llevar a cabo la “misión”? ¿Era excusa suficiente para presentarse ante ella con esa pinta? ¿Cómo es que él lo sabía y ella no?
El se descolgó una mochila que llevaba a sus espaldas, la abrió y sacó un paquete de toallitas, metió la peluca y la vuvucela. Intentó cerrarla, pero le quedó un trozo de aquella rara trompeta por fuera de la mochila. Con las toallitas empezó a limpiarse la cara. Tras varias pasadas a ella empezó a parecerle un compañero “normal” y decidió preguntarle:
- ¿Qué eso de que hemos ganado el mundial de fútbol?, mis superiores no me informaron de nada cuando salí del “Cuartel”.
- Claaaaro, porque seguro que cuando se estaba preparando tu salida, todavía no se había jugado la final, pero chica, así es, ya te lo cuento yo. O, ¿acaso crees que yo voy así siempre? – Dijo señalándose la cara y el cuerpo de arriba abajo-.
- Pues qué bien, ¿no? – contestó ella, como si le diese igual.
- A ver, que ni siquiera me he presentado, hola –dijo acercándole la mano-, soy “Seis millones doscientos cincuenta y dos mil”, encantado de conocerte compañera de “misión”.
Ella le estrecho la mano intentando, a la par, cambiar el gesto y parecer menos seria o cínica, mientras le contestó:
- Yo soy “Veintinueve”, encantada, también.
Él notó en aquel estrechamiento de mano, que ella todavía no estaba muy conforme con todo lo que le había contado, notó que ella estaba bastante defraudada, notó que él no era ni por asomo, lo que ella esperaba.
- “Veintinueve”, ¿eh?, muy joven todavía, ¿no?
- Si, eso dicen, pero nosotros nos ceñimos a los deseos de las personas, y si ellos desean realizar la “misión” ahora, hay que hacerlo. Aunque sabes que nosotros podemos no hacerla en caso de…
- Chica, deja ese tema por un momento, ya llegaremos ahí. – Le espetó él en un tono de desidia.- Dices que no te has enterado de que España ha ganado el mundial, eso si que extraño y no las pintas que llevo yo. Tampoco sabrás quien marcó el gol de la victoria, ¿no? – Mientras hacia el gesto de negar con la cabeza-.
- Pues no, ni me interesa,- ella quería llevar la conversación al grano y desviarla con el maldito tema del fútbol-, el fútbol no es de mis hobbies favorito, es más, que tontería, ¡a mi no me gusta el fútbol! – soltó ella casi gritando.
- ¿Qué no te gusta el fútbol? ¿Qué no te gusta el fútbol? ¿He oído bien? Entonces está claro que tienes razón, la “misión” no puede llevarse adelante, nada, nada, abortamos la misión – decía mientras se daba la vuelta, echaba a andar y se colgaba la mochila en la espalda. – Tanto correr ¿para esto? ... ¡Yo, que estaba de fiesta con mis amigas neuronas, en las gónadas! Y me mandan a toparme con la sargento ésta… Joder, qué mala suerte ¡!
- ¡Pues ya somos dos! ¡Qué tú a mi tampoco me entusiasmas!
- Eh, encima no te ofendas – dijo mientras se dio la vuelta – que la primera que ha puesto pegas has sido tú, o ¿piensas que no me he fijado en la cara de asco que has puesto cuando me has visto? Y que conste que yo he intentado excusarme y explicarme, pero tía, si no te gusta el fútbol, yo no quiero cuentas contigo, que luego “lo que salga” puede ser un engendro anti-fútbol y yo no quiero participar en eso, ni de coña, vamos ¡! – Se volvió a dar la vuelta y emprendió el camino nuevamente.
Ella no sabía que hacer. No estaba preparada para esto. Sabía que tenía que llevar a cabo la “misión” a toda costa, sabía que salvo excepciones de mutaciones, o de deformidades, el proceso debía terminar. Pero nunca le habían explicado qué hacer si el compañero era un futbolero, cosa que ella consideraba una “mutación”. El caso es que el tipo, fuera de las trazas que llevaba, le había parecido amable e incluso simpático. Era óptimo, tal y como había visto en las fotos y diapositivas de las clases del “cuartel”. También a su memoria llegó lo estudiado en aquella clase sobre el futuro en las “misiones” no concluidas, y la verdad, aunque era indoloro, y estaba más que mentalizada para pasar por ello, no le apetecía pasar a la historia genética de aquella mujer, como otro óvulo que no fue fecundada por un espermatozoide.
El que le había tocado a ella, había tardado, pero había llegado, cuantas compañeras no habrían estado esperando en vano, para acabar siendo desechadas tan, asquerosamente.
- Vale, bueno, puede que no me guste el fútbol, pero un mundial es un mundial. Cuéntame, quien marcó el gol de la victoria. – Le gritó al espermatozoide que ya estaba a una distancia considerable de ella, lo menos a tres centímetros.
- Iniesta, tía, Iniesta ¡! ¡Qué pedazo de crack! Además en el tiempo de descuento… bueno y los paradones de Casillas, otro crack…-le relataba mientras iba hacia ella, percatándose de que ella tenía una sonrisa demasiado forzada en la cara-.
Cuando llegó a la altura de la compuerta, se paró, se cruzó de brazos y le dijo, mirándola fijamente a los ojos:
- Además, qué quieres que te diga, si no fuera por el fútbol, y el entusiasmo que le ha puesto el muchacho en “nuestro viaje”, ni de coña tú y yo hubiésemos llevado a buen puerto la “misión”.
Ella se sonrió, y pasó hacia el fondo de la cápsula, mientras le hacía gestos a “Seis millones doscientos cincuenta y dos mil” para que entrase.
Lo último que se escuchó antes de proceder a la “misión” fue algo así como “Campeones, campeones, oe, oe, oe”.


