
Y es que lo que iba a ser un diario semanal de nuestra incesante búsqueda, se ha convertido en una isla desierta en la que no ya no crece nada. Espero ponerme las pilas, aplicarme el cuento y retomar este "cuaderno de bitácora" que pretendía ser una terapia, más que otra cosa.
Hemos empezado el año con un embarazo ectópico. Oportunidades que llegan, pero sin tomar aliento se van. Todo ha sido rápido e indoloro para el cuerpo, pero tortuoso y lacerante para el alma. Tras dos años de búsqueda, tras visitas al médico, al hospital, tras lágrimas, operaciones, revisiones, citas que se retrasan y ánimos que caen, tras aceptar que has entrado en el "maravilloso" mundo de la infertilidad, llega un pequeño milagro que a lo único que viene, es a emborronarlo todo.
Pero ya paso. Acabó la misericordia de la familia y amigos, que tanto necesitas al principio, pero que tanto oprime al final. Acabó el tiempo de luto, de llorar lo que fue y no pudo ser. Ahora queda esperar, pruebas y más pruebas. El círculo se cierra otra vez.
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